Bisclavaret, cuento de hombres lobos

Bisclavaret, cuento de hombres lobos

Bisclavaret, cuento de hombres lobos

Bisclavaret, cuento de hombres lobos

Por Marie de Francia.

Entre las historias que les contaré una vez más, no olvidaré la del hombre-lobo. Tales bestias son conocidas en toda la tierra. En Inglaterra lo llaman Bisclavaret, mientras que los normados lo llaman Garwal.

Es algo muy cierto dentro del conocimiento de todo, que muchos hombres bautizados han sufrido este cambio y corrieron salvajemente hacia el bosque en forma de hombrelobo. El hombrelobo es una bestia temible. Vaga por el espeso bosque y es horrible. Todo el mal que puede hacer, lo hace. Va de un lado al otro buscando hombres para devorar. Oíd ahora la aventura del hombre lobo que he de contar.

En Inglaterra vivía un barón que era muy querido por todos sus compañeros. Era un caballero fuerte y atractivo, además de un hombre de reputación y oficio. Era querido por el consejo de vecinos y tenido en consideración por su amo. Este barón estaba prometido a una valiosa dama, bella a la vista y de semblante dulce. Todo su amor estaba puesto en ella, y a su vez ella le daba todo el suyo. Tan solo una pena tenía esta dama. Por tres días en cada semana su amo se ausentaba de su lado. No sabía ni adonde iba ni a qué. Tampoco nadie de su casa tenía idea del negocio que lo ocupaba.

Un día en el que su amo había regresado a su casa, aunque alegre y contenta, la dama lo cuestionó con suavidad de la siguiente manera:

‘Esposo –le dijo ella- y dulce amigo, tengo algo que pedirte. Con mucho gusto recibiría este regalo, pero temo enojarte si te lo pido. Es mejor para mí tener una mano vacía que ganar palabras duras.’

Cuando el lord escuchó esto, tomó a la dama en sus brazos muy tiernamente y la besó.

‘Esposa –le respondió- pregunta lo que quieras. ¿Qué es lo que deseas?

‘Por mi fe –dijo la dama- pronto estaré complacida. Esposo, muy largos y cansadores son los días que pasas afuera de tu hogar. Me levanto de mi cama a la mañana, enferma en mi corazón, sin saber por qué. Tan asustada estoy a causa de tu ausencia que no tengo consuelo. Pronto moriré a causa de mi angustia. Cuéntame ahora adonde vas y qué haces. ¿Cómo puede el conocimiento de alguien que amas traerte algún daño?

‘Esposa –replicó el lord- sólo el mal puede llegar si te cuento este secreto. Por la misericordia de Dios, no me lo pidas. Si lo supieras, me quitarías tu amor y estaría perdido para siempre.’

Cuando la dama escuchó esto se convenció de que el barón buscaba confundirla con palabras bromistas. Entonces rezó y le volvió a pedir con más insistencia, con miradas y discurso tierno hasta que el barón se vio vencido y le contó toda la historia desde el comienzo:

‘Esposa, me convierto en Bisclavaret. Entro al bosque y vivo de las presas y las raíces dentro de la espesura de las arboledas.’

‘Dime por el amor de Dios, ¿qué haces con tus ropas?’

‘Bella esposa, eso nunca te lo diré. Si perdiera mis ropas, o incluso si me hirieran mientras me quito mis vestiduras, entonces sería hombrelobo por el resto de los días de mi vida. Nunca me convertiría en hombre de vuelta, a menos que me devolvieran la ropa. Por esta razón nunca te mostraré mi guarida.’

‘Esposo –le dijo la dama- te amo más que a cualquier cosa en el mundo, razón de más para que no dudes de mi fe o me escondas algo. ¿Qué resabio hay aquí de nuestra amistad? ¿Cómo perdí el derecho a tu amor, ya que no confías en mi honor? Abre tu corazón y dime lo que es bueno que conozca.’

Al final, cansado por su terquedad, no pudo resguardarse más y le contó todo.

‘Esposa –le dijo- dentro del bosque, cerca del camino, hay una senda escondida y al final de ella una antigua capilla donde muchas veces me he lamentado de mi suerte. Allí cerca hay una gran piedra hueca escondida por un arbusto, y hay un lugar secreto donde escondo mi ropa hasta que llega el momento de regresar a mi hogar.’

Al escuchar esto la dama se sonrojó por su gran miedo. Ya no se animaba a yacer a su lado y pensaba una y otra vez cómo podía sacar ventaja. Cierto caballero de esas tierras, que había requerido el amor de la dama, rondaba por allí. El caballero había pasado largos años a su servicio, pero poco había conseguido, ni siquiera palabras amables o una promesa. La dama le escribió una carta para encontrarse y completar su propósito.

Bisclavaret, cuento de hombres lobos

Bisclavaret, cuento de hombres lobos

‘Estimado amigo –le dijo- sé feliz. Eso que has codiciado durante tanto tiempo te lo concederé sin retraso. Nunca más te rechazaré. Mi corazón y todo lo que tengo para dar, es tuyo, así que tómame ahora como tu dama y amor.’

Gentilmente el caballero le agradeció su gracia y le juró fidelidad. Cuando ella confirmó con un juramento, le contó todo lo de su marido, por qué se iba y en qué se convertía, además de su vagabundeo por el bosque. Luego le mostró la capilla y la piedra hueca, y también le dijo cómo despojar al hombre-lobo de sus vestiduras. Así, por el beso de su esposa, Bisclavaret fue traicionado. A menudo había atacado a sus presas en lugares desolados, pero nunca volvió de este viaje. Sus parientes y conocidos fueron a preguntar si había novedades sobre su paradero durante su ausencia. Muchos hombres durante muchos días buscaron por el bosque, pero ninguno lo encontró, ni sabían dónde estaba Bisclavaret.

La dama se casó con el caballero que la había deseado durante tanto tiempo. Más de un año había pasado desde la desaparición de Bisclavaret. Entonces se supo que el rey iba a cazar en el mismo bosque donde el hombrelobo rondaba. Cuando los sabuesos fueron liberados, corrieron por distintos lados y rápidamente se encontraron con su aroma. Cuando lo avistaron, todos los cazadores tocaron sus cuernos. Lo siguieron desde la madrugada hasta el atardecer, hasta que estaba desangrado y lastimado. Ahora el rey estaba muy cerca de la presa, por eso cuando Bisclavaret vio a su amo corrió hacia él para implorarle misericordia y piedad. Quitó su pie del estribo y se humilló a los pies del príncipe. El rey  estaba muy asustado, por lo que llamó a sus cortesanos para que lo ayudaran.

‘Señores –les dijo- apúrense para ver a esta maravillosa cosa. He aquí una bestia con sentidos de hombre. Se humilla delante de sus enemigos y llora por piedad, aunque no puede hablar. Alejen a los sabuesos, y que nadie lo lastime. No cazaremos más hoy, regresaremos a nuestro hogar con la maravillosa presa que yace aquí.’

El rey entró al salón con Bisclavaret a su lado. Muy cerca de su amo iba el hombrelobo, al igual que cualquier perro, y no deseaba volver al bosque. Cuando el rey lo llevó al castillo, se regocijó en gran manera. El rey se sentía muy orgulloso de esta maravillosa bestia, ya que no había otra más bella o fuerte. Lo sostuvo con tanto cariño que pidió a todos aquellos que lo amaban trataran bien al lobo y que fuera bien alimentado. La corte observó este mandato con obediencia. Durante el día el lobo salía de caza con los nobles y de noche dormía en el dormitorio del rey. No había hombre que no quisiera a la bestia, así de honesto y bueno era. Nadie tenía razón para hacerle mal alguno, ya que él no le hacía mal a nadie. Todo el día estaban estos dos compañeros juntos y todos percibían que el rey lo amaba como a un amigo.

Escuchad ahora lo que ocurrió.

El rey llamó a reunión a la corte y reunió a sus mejores vasallos y barones, y a todos los nobles para festejar un festín. Nunca hubo un festín mejor, ni uno hecho con mayor pompa. Entre los invitados estaba aquel caballero que se había casado con la esposa de Bisclavaret. Fue al castillo ricamente adornado y con su bella compañera, pero no se imaginaba a quién se iba a encontrar. Bisclavaret avistó a su enemigo desde el momento en que entró al salón. Corrió hacia él y lo agarró con sus colmillos en la presencia del rey y de todos. Sin duda hubiera hecho mucho daño de no ser porque el rey lo llamó y amenazó con azotarlo. Con el consentimiento de todos la corte consideró que su exabrupto estaba totalmente justificado, ya que el lobo había sufrido un gran mal a manos del caballero. El caballero no conoció a su enemigo hasta el final del festín, cuando todos los barones se despidieron de su amo y partieron a sus casas. Entre estos iba el lord a quien Bisclavaret había atacado tan salvajemente. No era nada raro de que estuviera feliz de irse.

Poco después de su aventura, el cortés rey fue a cazar al bosque donde Bisclavaret había sido encontrado. Al caer la noche el rey no tenía donde dormir, y esto era sabido por la dama que antes había sido la esposa de Bisclavaret, por eso lo invitó a hospedarse en su castillo. A la mañana la dama se vistió con sus ropas más suntuosas y se apresuró adonde estaba el rey para ofrecerle un regalo. Cuando la dama entró a la recámara ningún hombre podría haber retenido la furia del lobo. Se convirtió en un perro loco en su odio y malicia. Se lanzó al rostro de la dama y le mordió la nariz. De cada lado salieron hombres en auxilio de la dama y alejaron al lobo de su presa y por poco no lo destrozan con sus espadas. Pero un hombre sabio le dijo al rey:

‘Señor, escuchadme ahora. La bestia siempre está contigo y no hay ni uno solo de nosotros que no la haya conocido por mucho tiempo. Va y viene entre nosotros, jamás molestó a hombre alguno ni hizo ningún mal, a excepción de esta dame. Ha querido hacer daño a esta mujer y al caballero que ahora es su esposo. Señor, ella era la mujer de aquel lord que te era tan cercano a tu corazón y que de repente desapareció. Ahora, debes poner a la dama a salvo y cuestionarla directamente, para que te diga cuál es la razón por la que la bestia la atacó con odio mortal. A muchos la extraña suerte ha condenado en esta maravillosa tierra de Britania.’

El rey escuchó estas palabras y estimó que era un buen consejo. Puso a la dama y al caballero en un lugar seguro y los sometió a un interrogatorio inmediatamente, por lo que su tormento fue muy doloroso. Al final, en parte a causa de sus nervios y en parte por su miedo, los labios de la dama se aflojaron y contó su historia. Les habló de la traición a su señor y sobre el robo de su vestimenta de la piedra hueca. Desde entonces ella nunca volvió a saber sobre su paradero, ya que nunca regresó al hogar. Solo en su corazón creía que la bestia era Bisclavaret.

De inmediato el rey pidió la ropa del barón, sin importar el deseo a favor o en contra de la dama. Cuando se la trajeron, hizo que la pusiera sobre Bisclavaret, pero el lobo simuló no ver nada. Entonces el astuto consejero se llevó al rey aparte y le dijo: ‘Señor, no es sabio poner la ropa delante de Bisclavaret a la vista de todos. En la vergüenza y la tribulación debe dejar a la bestia para luego convertirse en hombre. Lleva al lobo a la cámara más secreta y ponle la vestidura allí. Luego cierra la puerta y déjalo solo por un tiempo, y entonces veremos si la bestia puede regresar a su forma humana. ‘

El rey llevó al lobo a su cámara y cerró las puertas. Se demoró un poco para hacer tiempo y luego, con dos de sus vasallos, volvió al cuarto. Al entrar, encontraron al caballero durmiendo sobre la cama del rey, como si fuera un niño. El rey se acercó suavemente y tomando a su amigo en sus brazos lo abrazó y besó repetidas veces. Cuando el hombre recuperó el habla, le contó toda su aventura. Entonces el rey le restauró sus posesiones y le dio ricos regalos. En cuanto a la esposa que había traicionado a Bisclavaret, le ordenó que se fuera del país. Después de eso ella se fue con su segundo esposo a buscar una ciudad donde vivir y nunca más fueron vistos.

La aventura que han escuchado no es una fábula vana. La leyenda del hombre-lobo fue escrita para ser recordada.

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