Los hombres-lobo Benadanti

Los hombres-lobo Benadanti

Los hombres-lobo Benadanti

Los hombres-lobo Benadanti

(un término que podría traducirse como ‘los bienhechores’), al norte de Italia. En este caso los hombres-lobo eran hombres que dejaban sus cuerpos y asumían la forma de lobos. Luego de convertirse en dichas criaturas descendían al mundo inferior para luchar contra brujas.

Este caso surgió en Jurgenburg, Livonia, situada al este del mar Báltico en 1692. Involucraba a un hombre de 80 años llamada Thiess.

Thiess confesó ser un hombrelobo, aduciendo que su nariz había sido quebrada por un hombre llamado Skeistan, un brujo que evitaba que los cultivos crecieran para llevarse los granos al infierno. Para ayudar a que los cultivos siguieran creciendo, Thiess descendió al infierno con un grupo de hombres-lobo para recuperar los granos.

La batalla de los hombres-lobo y las brujas ocurría tres veces al año: en Santa Lucía, Pentecostés y San Juan (los cambios estacionales). Si los hombres-lobo tardaban en bajar, las brujas aseguraban las puertas del infierno y el ganado, las plantaciones e incluso la caza de peces decrecían. Los hombres-lobo llevaban como armas barras de hierro y las brujas usaban sus escobas y varitas. Skeistan rompió la nariz de Thiess con una escoba envuelta en cola de caballo.

Los jueces estaban anonadados por este testimonio, ya que suponían que los hombres-lobo eran agentes del demonio y ahora escuchaban lo contrario. Cuando les preguntaban qué pasaban con las almas de los hombres-lobo, Thiess dijo que iban al cielo. Insistió en que eran ‘los sabuesos del cielo’ y ayudaban a la humanidad a evitar que el demonio se llevara la abundancia de la Tierra. Si no fuera por ellos todos sufrirían. También dijo que había hombres-lobo en Alemania y Rusia, también luchando contra las brujas en sus propios infiernos.

Thiess fue firme en su confesión y negó que haya firmado un pacto con el demonio. También se negó a ver al sacerdote parroquial, diciendo que era mejor hombre que cualquier religioso. Afirmó que no era ni el primero ni el último hombre en convertirse en hombrelobo para combatir a las brujas.

Los hombres-lobo Benadanti

Los hombres-lobo Benadanti

Finalmente los jueces, probablemente por desesperación, sentenciaron a Thiess a diez latigazos por idolatría y creencias supersticiosas.

En la región Friuli de Italia, las tradiciones eslavas, italianas y alemanas se combinaron para dar forma al culto de los Benadanti. Muchos de los Benadanti eran seguidores de Diana.

Carlo Ginzburg escribió en ‘Noches de batalla’:

‘La siguiente investigación establece la existencia fehaciente en fecha tardía (alrededor de 1570) de un culto a la fertilidad cuyos participantes, los Benadanati, se representan a sí mismos como defensores de los cultivos y de la fertilidad de los campos….Esta creencia está unido a un complejo más grande de tradiciones (conectadas con el mito de las reuniones nocturnas presididas por las deidades femeninas). En lo que va del siglo, los Benadanti fueron transformados en brujas y sus reuniones nocturnas, realizadas para inducir la fertilidad, se convirtieron en aquelarres, con tormentas y destrucción en consecuencia.’

Los Benadanti eran llamados a estas reuniones cuatro veces al año, durante los tiempos de cosecha y plantación. En estas reuniones se luchaban las principales batallas con los ‘Maldanti’ o ‘Strigoni’ (malhechores). Los Benadanti luchaban con tallos de hinojo, y los Malandanti con sorgo. Se creía que en ciertas noches el alma de los Benadanti salía de su cuerpo para participar en reuniones con otros de su clase.

Quizás el aspecto más interesante era el método por el que eran elegidos. Nadie decidía ser un Benadanti, el llamado estaba dirigido a ciertas personas en forma de un accidente de nacimiento. Se creía que los hombres y mujeres nacidos con una marca (una membrana fetal interior que cubría todo el cuerpo, en especial la cabeza) tenían misteriosos poderes curativos y podían ver brujas. Las membranas a veces eran conservadas por los Benadanti y luego las usaban como amuletos en sus cuellos.

Al igual que en otras culturas, los Benadanti decían que abandonaban sus cuerpos de noche para cambiar a una forma animal a veces y otras iban cabalgando animales. Mientras estaban afuera sanaban y protegían a la gente del pueblo, mantenían los caminos de los muertos desde su mundo hasta la siguiente parada y luchaban para proteger al pueblo de los ‘Malandanti’.

Los ‘bienhechores’ retuvieron su estampa anti-bujería hasta 1610. Poco después comenzaron a ser perseguidos por la Inquisición y fueron identificados como brujos. Ellos seguían manteniendo que eran el ejército de Cristo en la lucha contra l mal. Como resultado, las creencias locales pasaron por una profunda transformación y, para 1640, los mismos Benadanti reconocían que eran ‘brujas’.

Uno de los incidentes más extraños relacionado con los hombres-lobo fue el de los ‘Benadanti

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